Muchas veces la vida supera con su vorágine nuestro andar, y oscurece lo que somos, nuestra esencia, y esto puede sumergirnos a un lugar caótico, de rutina que nos supera y de la que no podemos apartarnos. Asi, las relaciones con los demás y con las cosas se vuelven imprecisas, indefinidas, ambigüas; se nos hace dificultoso saber quienes fuimos y quienes somos, que esperabamos de la vida, y abandonamos nuestros sueños. Es decir, se llega a un punto donde nos sentimos insatisfechos. Es en este momento donde podemos necesitar un espacio para reflexionar acerca de nuestra situación y a la vez pensar en la posibilidad de revalidar lo posible de un crecimiento personal. Si la angustia nos acompaña como una sombra en el lugar al que hemos llegado, y vemos que a pesar de ello seguimos circulando en la misma existencia, quiza sea nuestra hora de cuestionar este modo de estar en el mundo. Quizá haya llegado el momento de responsabilizarnos por nuestra vida y la posibilidad de una mejora. Es entonces que un espacio como la psicoterapia se revela como una posibilidad abierta, puede resultar un territorio fértil donde orientarnos, auto conocernos y reflexionar para el hallazgo de respuestas que nos lleven a conocer las posibilidades de alcanzar la mejor vida posible que podamos darnos. Recorrerla es un viaje que nos lleva a aceptar que no somos personas que todo lo podemos, y que no debemos sufrir innecesariamente, y a aceptar nuestras carencias y virtudes, con las cuotas necesarias de aventura y desventuras que resultan del vivir.
Licenciado en Psicologia UBA. Especialidad en psicología clínica en adolescentes y adultos. Ansiedad, depresión, adicciones. Entrenamiento en habilidades sociales.
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